Correspondencias, Baudelaire: análisis

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Aquí tienes un análisis del poema «Correspondencias» de Las flores del mal de Baudelaire.

Correspondencias, Baudelaire, Introducción

«Correspondencias», de Baudelaire, es un soneto de la sección «El bazo y el ideal» de Las flores del mal, una colección de poemas publicada pero inmediatamente censurada en 1857.

Baudelaire fue, en efecto, un poeta moderno e incomprendido: el contenido erótico de la obra, la presentación íntimamente ligada de lo bello y lo sórdido, sus poemas estaban destinados a escandalizar a la sociedad de la época.

«Correspondencias» no es uno de los poemas que más ha ofendido. No obstante, es eminentemente moderno, ya que se hace eco de una doctrina simbolista enraizada en la crítica a la sociedad burguesa ultramaterialista.

En las Correspondencias, Baudelaire ve la naturaleza como un lugar sagrado y simbólico (I), y define al poeta como un intermediario entre la naturaleza y los hombres (II).

Haga clic aquí para leer el poema de Baudelaire «Correspondencias».

I – La naturaleza: un lugar sagrado y simbólico

A – La naturaleza: un lugar sagrado

La naturaleza es presentada por Baudelaire como un lugar sagrado.

La metáfora que relaciona la «naturaleza» con «un templo» en el verso 1 nos permite comparar nuestro entorno con un lugar sagrado y divino.

Esta metáfora se hila en la primera cuarteta ya que los árboles se presentan un poco más tarde como «pilares vivos».

Sagrada, la naturaleza también es inmutable.

Esta cualidad se percibe en el estudio de los verbos utilizados por el poeta en la primera cuarteta: al verbo de estado «es» del primer verso, que se refiere a la naturaleza, Baudelaire contrapone el verbo de acción «pasar» que se refiere al hombre (verso 3).

Estos verbos, de naturalezas opuestas, subrayan el contraste entre la inmutabilidad de la naturaleza, por un lado, y el paso efímero del hombre, por otro.

Hay que subrayar que la elección de un soneto en alejandrino, verso noble por excelencia, no es aquí trivial. Se subraya el carácter sagrado de la naturaleza.

B – La naturaleza: un lugar simbólico

Si la naturaleza es sagrada, también es hermética: su significado no se puede captar fácilmente. La naturaleza se expresa a través de «bosques de símbolos» que deben ser descifrados.

Así, en las dos primeras cuartetas, observamos el campo léxico de la confusión: «confuso», «bosques de símbolos», «mezclado», «oscuro y profundo», «noche».

Esta confusión se enfatiza fonéticamente por la asonancia en «on» que se escucha en la segunda cuarteta: «largo», «confundir», «profundo», «como», «sonidos», «respuesta». La repetición de este fonema remite, obviamente, a los ecos evocados por el poeta, ecos misteriosos e insondables que el propio lector escucha, sin entenderlos.

Se notará que, a pesar de la confusión, la riqueza de los sonidos (asonancia, aliteración) teje el texto y crea una musicalidad que sugiere, más allá de la confusión, la unidad de sentido.

Es el poeta, intermediario entre la naturaleza y los hombres, quien iluminará este sentido.

II – El poeta: intermediario entre la naturaleza y los hombres

A – El recurso a la sinestesia (el método para descifrar la naturaleza)

En el último verso de la segunda cuarteta, Baudelaire revela la enseñanza de su poema: «los perfumes, los colores y los sonidos se responden mutuamente».

Este verso es esencial en la medida en que resume la idea de las correspondencias, la de las sinestesias, idea ilustrada por el poeta en los dos últimos tercetos.

Las sinestesias son asociaciones de sensaciones de distinta naturaleza. Baudelaire nos da ejemplos de ello:

«<em> il est des parfums frais comme des chairs d’enfants»: el poeta relaciona aquí el sentido del olfato (perfume) y el tacto (fresco)

«dulce como los oboes»: relación entre el sentido del olfato (perfume), el tacto (dulce) y el oído (oboes)

«verde como los prados»: relación entre el sentido del olfato (perfume) y la vista (verde-el color)

Más interesantes aún son las correspondencias que se dice que existen entre los sentidos y las cualidades morales: los perfumes pueden ser así «corruptos, ricos y triunfantes» (v.11). Baudelaire subraya la relación entre el sentido del olfato y las cualidades morales.

Como vemos, el método del poeta, para descifrar la naturaleza se apoya en una movilización de los sentidos. Se evocan todos los sentidos: tacto, olfato, vista, gusto, oído.

No hay que ocultar la importancia de los sentidos. Se notará, además, que Baudelaire cierra su soneto con la palabra sentido (v.14), lugar que lo enfatiza.

B – La condición del poeta

El papel del poeta es fundamental en este soneto.

Aunque no se le nombra directamente en el poema, es el poeta quien revela al lector la enseñanza clave de las correspondencias. Se presenta así como un intermediario entre la naturaleza y el hombre.

Desde el verso 3 («el hombre atraviesa allí bosques de símbolos») queda claro que el poeta se desmarca de los demás hombres ya que él, él mismo, tiene la clave para entender la naturaleza.

El poeta es, en efecto, quien lleva al lector de la confusión a la claridad.

Hay una oposición entre las dos primeras cuartetas, donde reina el campo léxico de la confusión, y los dos últimos tercetos, donde el poeta aclara el sentido de la naturaleza. El comienzo del primer terceto, «es» (verso 9) disipa la oscuridad y marca el inicio de las explicaciones.

El poeta, que nos da su método de sinestesias para entender nuestro entorno nos abre nuevas perspectivas del mundo. No debemos ceñirnos al mundo sensible, sino ver más allá, para comprender la idea que hay detrás.

Esta nueva perspectiva constituye una verdadera «expansión», término que utiliza el poeta en el verso 12 y que se acentúa aún más porque incluye una diéresis, obligándonos a pronunciar en dos sílabas lo que deberíamos pronunciar en una (si-on en lugar de sion).

Esta diéresis no es evidentemente trivial: deja claro el sentido mismo de la palabra pronunciada: una extensión, un aumento del mundo sensible para el lector.

Conclusión:

Las Correspondencias de Baudelaire, es emblemática del movimiento simbólico. En efecto, el poeta nos invita a ver más allá de la realidad sensible descubriendo el sentido oculto del mundo, que se manifiesta a través de signos que el poeta sabe descifrar y transcribir.

Este papel y función de la poesía es propio del simbolismo y retomado por otros autores. Uno piensa en particular en el poema «Voyelles» de Rimbaud, que hace coincidir letras y colores.

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