COUPE-LE

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El largo monólogo de coupe-le puede decirse que es un poema de la construcción del sujeto. Se compone de cuatro canciones en las que una secuencia de experiencias traumáticas conduce de forma casi lógico-deductiva al acto, a través del flujo aparentemente desordenado de la vida y la conciencia.

Con la excepción de las parejas formadas fantasmáticamente con figuras del padre y, por tanto, de la infancia -el propio padre, el amigo del padre, el compañero de la infancia, el anciano desfigurado…-, que escapan porque no son objeto de una sexualidad literal, la experiencia de la pareja que el narrador vive repetidamente es la de un corte, de una sección, en el seno de una sexualidad marcada en su carne por la brutalidad. La de esos hombres que transforman su miedo a la castración en violencia y en la locura del poder, que confunden el falo y el pene y miden su ego maltratando al otro, reproduciendo sin cesar sobre las mujeres la violencia que supuestamente se ejerce sobre ellas solas, como si la castración estuviera reservada a los hombres y no fuera mayoritariamente dirigida a las mujeres.

Esta violencia es reabsorbida por el propio flujo de un texto límpido y orgánico que ningún signo de puntuación interrumpe, permitiendo que tanto el cuerpo como el texto se abran, hasta el acto radical que corta la cadena de parejas que mortifican porque niegan la aspiración de aparearse, y afirma el libre albedrío del personaje. Y el de la autora, sin duda, ya que CLV, que escribe, lejos de escenificar «algo de la vida», actúa ella misma contra la violencia simbólica que pretende impedir su libertad. Ella, que comenzó a publicar en 1999, dice de coupe-le que es «decididamente con los pies en la tierra y dice cosas que están plantadas en los cimientos», cuando sus otros textos le parecen «haber estado siempre en el aire». Cuando sugiere que «tal vez el aire sea el cerebro y la tierra el cuerpo», deberíamos escuchar que Cut it es el más real de sus muchos textos, y deberíamos seguirla cuando dice que sólo escribe monólogos y llama «texto» a todo lo que hay en su obra -desde el principio, pues: sin sección-.

Es muy posible, pertinente y deseable, escuchar en Cut it un grito feminista. Pero si ese sesgo de lectura es meramente farisaico, es de esperar que se vea constantemente socavado por un texto cuya agudeza restablece la complejidad del deseo, lejos de las consignas, y lo más cerca posible de la vida en cuanto a que perturba cualquier aspiración a la univocidad. A lo largo del flujo del corte, mientras uno se sumerge en el asombro del lenguaje poético por sí solo, en una escritura rapsódica en el sentido musical, también tiene la sensación de comprender una teoría de la psique, pero que surgiría, libre de cualquier aparato crítico, de la vida misma y con las palabras de la vida misma. Como si allí y sólo allí se pudiera hablar seriamente de lo que agita al ser humano: la búsqueda de lo real de la se-xe.

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coupe-es una epopeya en primera persona: La de una mujer que se conquista a sí misma. El héroe épico se convierte aquí en un yo contemporáneo que canta sus aventuras. Su camino, largo y sinuoso, es el del amor y el trauma sexual. Sin embargo, este texto no tiene nada de lírico. Porque es a través del sexo y del amor como se ejerce aquí la dominación. Cada canción del libro es la exposición de una forma de esta dominación y de los esfuerzos no siempre conscientes y voluntarios del yo para sortearla o superarla. La guerra, excepto al final, permanece sin nombre. Afirmarlo como tal, como violencia sufrida pero nunca dicha, será una de las mayores conquistas del personaje I.

La forma es de repetición de letanía de bloques sin puntuación. Largas apneas entre las que el lector respira antes de volver a sumergirse en el flujo textual y que hacen de su lectura una experiencia tanto física como poética y moral. El conjunto constituye una narración no cronológica -hecha de idas y venidas entre la infancia y la edad adulta- cuyas peripecias ocultan el verdadero tema: la evolución progresiva de la relación del yo-sujeto consigo mismo. Poco a poco, de forma discontinua, por saltos sucesivos no exentos de retrocesos, la escritura del yo, y por tanto el yo mismo, cambia. Se convierte en el sujeto de sus acciones y sus frases. La historia que cuenta coupe-le es indistintamente la de una escritura y la de un personaje: la de un yo cuya emancipación presupone la transformación del lenguaje.

El corte que dice el título es una de las claves del libro. Es lo que fragmenta el carácter y corta el flujo textual en bloques discretos. Por lo tanto, es lo que el yo debe suturar constantemente, ya que debe reunir constantemente los trozos dispersos de su yo y de su vida. Pero también es el gesto con el que finalmente ejerce su poder. El yo se convierte en el que ejerce el corte, físico y textual, es todo uno. Escribe y al escribir corta y al cortar invierte la estructura de dominación. Escribe y al escribir reúne y sutura, construye un yo que puede actuar y hablar. El corte es lo que pasa de la forma al significado, del texto al personaje, de lo que se sufre a lo que se actúa. Hay que leerlo respetando hasta el final el imperativo de su título: leer para actuar fuera del libro.

El sitio web de Corinne Lovera Vitali.

coupe fue apoyado por el Centro Nacional del Libro (CNL).

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