Es hora de reconocer la labor de los profesores universitarios

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Carta dirigida a François Legault, Primer Ministro de Quebec, y a Danielle McCann, Ministra de Educación Superior.

El 16 de marzo, los profesores universitarios nos vimos obligados a interrumpir nuestro trabajo en las aulas para hacer frente a la pandemia. Nos dieron un descanso de dos semanas para reorganizar nuestra materia y traducirla de otra manera: en línea para la mayoría de los cursos. Terminamos la sesión como pudimos, teniendo, además, la sensación del deber cumplido.

Somos docentes, y a pesar de este contexto inédito, encarnamos nuestra profesión al máximo de nuestras capacidades para acompañar a la generación naciente en esta crisis sin precedentes. Como saben, la educación a distancia plantea serios problemas en nuestras filas. Una mejor supervisión de la misma en circunstancias ordinarias es, además, una de nuestras reivindicaciones en las actuales negociaciones para la renovación de nuestro convenio colectivo.

La sesión de otoño ha comenzado, para la mayoría de las universidades, en modo híbrido, es decir, algunos cursos se imparten en clase (laboratorios, cursos con equipamiento especializado, cursos de primer semestre universitario, etc.), mientras que la mayoría se imparte totalmente en línea, de nuevo. Un plan de clases, un curso a distancia en una franja horaria determinada, actividades de aprendizaje, tareas para casa, debates, intercambios, estímulos: la relación pedagógica y la confianza mutua requieren tiempo. La enseñanza no presencial nos quita el norte. Si la urgencia de la sesión de invierno nos obligó a encontrar soluciones imperfectas, ahora hay que recuperar lo que se sacó con pala desde el frente.

Pedagógicamente, estamos más bien en un proceso de aprendizaje, a tientas desde el ensayo y el error, por lo que muchos compañeros están en este momento, en esta mitad de sesión, tan agotados como al final de una sesión.

COVID está poniendo a prueba a sus trabajadores. Los sindicatos de la CEGEP llegaron a la cifra de esta fatiga realizando una encuesta. Realizada entre el 21 de septiembre y el 12 de octubre, esta encuesta, a la que respondieron de forma voluntaria más de 2.400 profesores universitarios, revela algunas de las cifras más inquietantes.

Así, nos enteramos, sin sorpresa, de que ciertas partes de la tarea docente requieren una cantidad significativa de tiempo extra en comparación con nuestras condiciones normales de trabajo, a menudo el doble o incluso el triple. Se trata, sobre todo, de la adaptación de los cursos (de la modalidad presencial a la modalidad a distancia y de acuerdo con las directrices de Salud Pública, en constante evolución), de la preparación de los cursos, de la supervisión de los alumnos (respondiendo a numerosos correos electrónicos, dedicando tiempo a reexplicar el material impartido a distancia, orientando la organización del trabajo personal de los alumnos, etc.), de la evaluación de los conocimientos y las competencias (intentando transmitir el valor de la integridad a los alumnos y, al mismo tiempo, multiplicando el número de cursos impartidos a distancia), y de la evaluación del trabajo de los alumnos.s y, al mismo tiempo, multiplicar o complicar las evaluaciones para contrarrestar las trampas y el plagio), la corrección en línea, que puede llevar de dos a diez veces más tiempo, dependiendo de la disciplina, y la gestión de las prácticas (encontrar nuevos lugares de prácticas en tiempo COVID, acompañar a los estudiantes.Incluso cuando ponen el corazón y el alma en su trabajo, aprendiendo «en el trabajo» para impartir conocimientos en este contexto, muchos profesores manifiestan estar insatisfechos con su propio rendimiento laboral. Esta insatisfacción es una de las variables explicativas de casi uno de cada dos profesores que respondieron a la encuesta y que presentan un nivel de malestar de moderado a alto en la escala Kessler-6, una escala para medir el malestar psicológico. Cabe destacar que el 22% de los encuestados declara un alto nivel de malestar psicológico.

Lo que pedimos no es una compensación económica. Simplemente pedimos tiempo. Tiempo para preparar adecuadamente nuestros cursos, para supervisar adecuadamente a nuestros alumnos, para acompañarlos, tiempo para evaluar justamente las tareas y los exámenes… tiempo para respirar.

Por ello, pedimos el equivalente a una reducción del 20% de nuestra carga de trabajo para el invierno de 2021 para compensar parte de la sobrecarga de trabajo causada por la pandemia y la enseñanza en modo híbrido. Esta reducción podría traducirse en una disminución del tamaño de los grupos o en un aumento del número de profesores; se trata de supervisar mejor, de equipar mejor, de acompañar mejor a nuestros estudiantes y de dar un respiro a todos los profesores del CEGEP que, desde el comienzo de la pandemia, han estado apoyando a distancia, lo mejor que han podido, a la generación ascendente de estudiantes universitarios.

Creemos que nuestros estudiantes tienen derecho a una educación de calidad. Dado que las circunstancias sanitarias exigen una enseñanza híbrida u online, debemos ser capaces de ofrecer cursos adaptados a esta realidad y una supervisión adecuada y suficiente.

Las condiciones de trabajo de los profesores determinan directamente las condiciones de estudio de los alumnos. Si el gobierno habla en serio cuando dice que la educación es su prioridad, es hora de que pase de las palabras a los hechos, dándonos los medios para ello.

* Este texto está firmado por más de 2.000 personas, profesores de CEGEP.

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