La resistencia a los antibióticos podría poner en peligro nuestra forma de vida

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Es fundamental que todo el mundo se dé cuenta de la gravedad y la urgencia de la RAM. El problema requiere una actuación en todos los frentes: desde una mayor investigación y un uso más juicioso de los antibióticos hasta una mayor vigilancia en el lavado de manos, la permanencia en casa cuando se está enfermo y tener las vacunas al día.

Llevamos casi un siglo utilizando antibióticos, y han hecho milagros. Nuestra esperanza de vida ha aumentado gracias a ellos. En su momento, los antibióticos ofrecían una cura para prácticamente todo, desde la faringitis estreptocócica hasta las infecciones del tracto urinario. Su existencia animó a los médicos a realizar hazañas extraordinarias, como la cirugía a corazón abierto y el tratamiento del cáncer con quimioterapia.

Los antimicrobianos hicieron que la sociedad fuera más productiva y añadieron miles de millones de dólares a la economía, dándonos no solo vidas más largas, sino mejores.

13.700 muertes más para 2050

Sin embargo, durante esas décadas en las que vivimos mejor gracias a los antibióticos, las bacterias evolucionaron para contrarrestar cada uno de nuestros avances. Esto era natural y predecible.

Los humanos han acelerado este proceso al utilizar libremente, y a menudo innecesariamente, antibióticos en la agricultura, la medicina y la atención veterinaria. Cuanto más usamos, más rápido se adaptan los microbios.

Todo este tiempo, hemos confiado en las empresas farmacéuticas para que crearan nuevos medicamentos que nos mantuvieran sanos, sin saber que tenían poco interés en sustituir los antibióticos baratos que ya existen. Desarrollar y comercializar nuevos medicamentos es arriesgado y terriblemente caro, y el sector privado no está especialmente motivado para asumir este reto de salud pública.

En Canadá, el 26 por ciento de las infecciones son ahora resistentes a los tratamientos antimicrobianos. Entre ellas se encuentran la neumonía, las infecciones del torrente sanguíneo, de la piel y del tracto urinario, y muchas otras enfermedades. El informe predice que en 2050 el 40% de las infecciones serán resistentes, lo que provocará 13.700 muertes al año, antes evitables.

Los hospitales estarán desbordados. Los pacientes sometidos a quimioterapia cuyo sistema inmunitario esté debilitado por el tratamiento estarán prácticamente indefensos ante las bacterias. Lo mismo ocurrirá con los bebés prematuros.

Como las prótesis de cadera y rodilla serán demasiado arriesgadas, los canadienses no podrán mantener la movilidad durante los años extra que les ha proporcionado el uso de antibióticos.

Todos, no sólo los enfermos y discapacitados, sufrirán.

Discriminación, erosión de las libertades civiles

Los costes de la atención sanitaria se dispararán. La productividad y la calidad de vida disminuirán a medida que la enfermedad y la muerte devasten a la población.

El informe predice que, a medida que aumente la resistencia a los antimicrobianos, el tejido social de Canadá podría verse debilitado por la discriminación de las personas con infecciones resistentes, la reducción de la conectividad social, la reticencia a viajar y los llamamientos a cerrar las fronteras de Canadá.

Como señala el informe, las desigualdades que ya hacen que las personas marginadas sean más vulnerables a la enfermedad no harán más que empeorar a medida que los que pueden permitírselo se aíslen más, alimentando el miedo y la desconfianza.

A medida que aumenten las infecciones, la cuarentena podría restringir las libertades civiles. La confianza en los hospitales y en la atención sanitaria podría erosionarse. Todas estas amenazas no están lejos.

De la innovación al control de la infección

El informe ofrece cuatro estrategias para responder a esta crisis que se avecina.

La primera estrategia es la innovación: crear nuevas formas de vencer la RAM. La segunda es la gestión: utilizar sabiamente los tratamientos que aún funcionan. La tercera es la vigilancia: sugerir el seguimiento del consumo total de antibióticos. Por último, también hay que centrarse en la prevención y el control de las infecciones.

En Canadá tenemos un excelente sistema de atención sanitaria pública, así como un sistema de educación pública eficaz. Nuestras instituciones están llenas de científicos, clínicos, ingenieros, economistas, sociólogos, humanistas y otros que pueden liderar la salida de esta crisis – si todos trabajamos juntos.

Pero primero tenemos que entender qué pasará si no lo hacemos.

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