L’approche par compétences (2019)

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Así que aquí estamos en una encrucijada, donde nuestro ser en su totalidad nos envía señales que ya no podemos evitar: las que indican la necesidad de recuperar el control de nuestra misión como formadores y profesores, como profesionales, como seres humanos en su vida cotidiana. Aferrarse a creencias de una época pasada sería inútil, contraproducente e incluso destructivo para nuestros sistemas educativos y sanitarios. El progreso ha ido casi siempre a contracorriente del pensamiento dominante.

En esta jornada pedagógica del 12 de marzo de 2019 dedicada a los enfoques por competencias, Jacques TARDIF (Sherbrooke, Canadá), nos ha hecho vivir desde la apertura la opción de implementar una pedagogía por competencias. Al ilustrarnos sobre las etapas clave, las estrategias, los obstáculos y los puntos de vigilancia a tener en cuenta, nos proporcionó los medios para pasar colectivamente de la intención a la acción. No se trata de negar los conflictos ni de ignorar los obstáculos, sino de afrontarlos con lucidez, reuniendo a los actores capaces de organizar el cambio a pequeña escala. Estos actores son usted, sus alumnos, sus pacientes, su entorno profesional y su entorno social. Esta visión también será ampliamente desarrollada por Florence PARENT (Bruselas, Bélgica) durante esta jornada.

Según Jacques TARDIF, la competencia corresponde a un conocimiento-acción complejo que se desarrolla en la acción «situante» y situada, movilizando recursos internos y externos. Sin embargo, no puede reducirse a una adición de habilidades, sino que constituye un proceso de aprendizaje para gestionar situaciones regulares y excepcionales. Desde esta perspectiva, el enfoque basado en problemas es una herramienta especialmente relevante en un proceso de profesionalización, siempre que la retroalimentación sea frecuente, esté bien conducida y esté rigurosamente documentada. Sabiendo que la competencia es un acto de construcción personal, sólo puede movilizarse en la acción, en el contexto, en una situación determinada. Estamos lejos de una definición encerrada en una taxonomía reductora de Bloom, sino en una operatividad donde la dimensión emocional toma todo su sentido, según Florence PARENT.

No debemos subestimar la dificultad de hacer evolucionar nuestra formación hacia un enfoque por competencias, porque el conflicto de valores que subyace a la puesta en marcha de un dispositivo de este tipo revela la existencia de un verdadero problema ético, por lo que los niveles de decisión son múltiples e interdependientes. En efecto, se trata de un cambio de paradigma pedagógico que debe considerarse desde tres ángulos: ontológico (naturaleza del objeto de aprendizaje), epistemológico (naturaleza del conocimiento) y metodológico. Florence Parent, al final de su taller sobre el papel de las emociones en un plan de estudios de salud, lo demuestra proponiendo un enfoque sistémico, estratégico y metodológico. Cinco niveles de debate estructuran la reflexión a realizar.

El primer nivel de debate se plantea: hay que definir la medicina como una práctica asistencial. No es una ciencia aplicada al objeto humano. En este contexto, «cómo aprender» es la habilidad prioritaria a desarrollar. ¿Aprendiendo qué contenidos y cómo? Partiendo de la realidad tal y como es. A partir de ahí, la elección epistemológica debe revelar procesos centrados en la acción (sentir y percibir, incluso lo invisible), en una fisiología de la acción. La actuación en el ámbito de la salud dependerá, por tanto, de las situaciones profesionales, que estarán en función del contexto, la cultura y los entornos. El profesional de la salud movilizará así una macrocapacidad multidimensional situada en torno al campo del conocimiento, el razonamiento, las emociones, las intenciones, la imaginación o las habilidades relacionales. Pero ¿qué es esta salud, sino una noción singular e incierta, propia de la experiencia subjetiva de un paciente? Impalpable, debemos sin embargo domarla, darle vida, salvaguardarla tanto para nuestros pacientes como para nosotros mismos.

Una posible definición de la competencia, según Florence PARENT y Jean JOUQUAN, puede por tanto formularse así: es «una acción (¡nótese el isomorfismo entre el sustantivo y el verbo!) complejo y singular que moviliza, gracias a capacidades de naturaleza sensitiva, psicoafectiva, cognitiva, reflexiva, metacognitiva, imaginativa, social y operativa un conjunto de recursos complementarios para tratar adecuadamente los problemas en el seno de familias de situaciones profesionales siempre particulares, complejas y definidas con respecto a contextos de roles y limitaciones específicas. «

Aquí nos proyectamos al 2º nivel de debate, el de la epistemología: ¿cuáles son los determinantes colectivos e individuales en la práctica profesional para una construcción del conocimiento en el marco de un enfoque por competencias? Florence PARENT y Jean JOUQUAN nos proponen comprometernos en una ruptura pragmática a partir de una cognición encarnada y situada, pragmatista, privilegiando la acción y la fisiología de la acción, la conexión entre el conocimiento analítico, criterioso y situado, construida integrando las aportaciones de la inteligencia artificial, la lingüística, la filosofía, la psicología cognitiva y la neurociencia.

El cuarto nivel de debate se refiere a una cuestión metodológica: ¿qué traducción didáctica (paso de la profesión al repositorio de competencias) y qué transposición pedagógica (paso del repositorio de competencias al repositorio de formación y evaluación) implementar? El marco teórico se inscribirá lógicamente en la didáctica profesional, con una taxonomía abierta, integrando en particular las capacidades imaginativas de los alumnos. Pero el educador sanitario del mañana tendrá que permanecer vigilante ante las derivas cognitivistas/mentalistas o gerenciales que quieren imponer sus dogmas. De acuerdo con Jacques TARDIF, nos movemos hacia el conocimiento y no al revés. Este proceso sólo puede tener sentido en la intersectorialidad, en la interprofesionalidad, en la interdisciplinariedad, traducida en forma de planteamientos programáticos construidos en torno a situaciones profesionales, cualitativamente evaluadas, centradas en normas internas de actuación, aceptadas por su probidad y evolutivas.

El 4º nivel -quizá el más fructífero y sin duda el más decisivo- es el de lo «común», devolver la palabra a los pacientes y a los alumnos, los grandes olvidados. Debatir todos los niveles de representación, los presupuestos teóricos, es el primer paso a dar.

El 5º nivel, el axiológico, garantizará que el currículo permita el desarrollo de un empoderamiento ético basado en la responsabilidad, la garantía de un proceso representativo y participativo para todos (ética organizativa, probidad, aprovechamiento del conflicto) y la evidencia de la reflexividad.

Demos ahora un salto al futuro con la salud conectada y las tecnologías «wearables» (Jacques TARDIF nos hace sonreír evocando sus futuros pantalones conectados…), los algoritmos predictivos y los nuevos roles del paciente. El estudiante del mañana deberá integrar estas tendencias actuando sobre su propia persona, dando un lugar preponderante al paciente como miembro del equipo de cuidados. Será necesario enfrentar al alumno, en el marco de su progresión, a problemas complejos y poco definidos, que le permitan movilizar los recursos que justifiquen su dominio de las competencias previstas, evaluadas y documentadas de forma argumentada. Jacques TARDIF señala un requisito: que el alumno justifique cada decisión explícitamente en relación con los conocimientos supuestamente dominados.

Pero las tecnologías digitales no son un fin en sí mismas ni una panacea pedagógica. La desmaterialización de los cursos de formación no permite (en nuestras facultades, al menos…) saber de qué manera el alumno se ha apropiado de un contenido o cuáles son sus dificultades para apropiárselo. Sin embargo, es en esto en lo que debemos centrar toda nuestra atención y acciones. Por lo tanto, Jacques TARDIF cierra esta jornada pedagógica con un llamamiento a la vigilancia y a la audacia colectiva. Apostemos a que la mayoría de sus oyentes, especialmente nuestros alumnos del máster, formarán parte de estos pioneros que devolverán una verdadera nobleza de corazón y de espíritu a la formación y a la práctica de los futuros profesionales de la salud, sin la cual la medicina y su personal estarán abocados a una segura desaparición.

En cuanto a la velada, fue organizada por la flamante red de Alumni en ciencias de la salud, creada por iniciativa de unos cuantos alumnos del máster de pedagogía en ciencias de la salud, sensibilizados con todos estos retos. El programa incluyó interesantes debates sobre el tema de la colaboración interprofesional, con un ángulo de ataque tan relevante como lúdico. ¡Gracias a todos por su compromiso durante este día memorable, completado (gracias al gong final…) gracias a ustedes bajo un cielo estrellado de constelaciones favorables!

Todavía queda mucho camino por recorrer para la mayoría de las formaciones, que no se inscriben en una dinámica de trayectoria de profesionalización. Una de las dificultades radica en la disociación, todavía muy frecuente, entre conocimientos y competencias. También debemos asumir el reto de una concepción compartida del aprendizaje y de la competencia, y considerar cuidadosamente la cuestión de la evaluación, que, como sabemos, a veces proporciona datos poco fiables e inexactos en el plano docimológico. Jacques TARDIF dio un paso más hacia la supresión de los grados y su corolario, la estrategia compensatoria, durante esta jornada.

Por lo tanto, el sistema de gestión de la calidad de los productos de la empresa es muy importante.

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