Mundial de Rugby en Japón: el tatuaje de la discordia

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Muchos jugadores de rugby lucen tatuajes. El francés Cyril Baille, por ejemplo, tiene todo su brazo derecho tatuado, el neozelandés «TJ» Perenara, que lideró la Haka contra Sudáfrica, tiene diseños maoríes en su brazo y cuello. El tatuaje forma parte de la historia del rugby, salvo que en Japón estas marcas en el cuerpo están muy mal vistas por estar asociadas a la Yakuza, la mafia japonesa.

La Federación Internacional de Rugby se toma muy en serio el tema. Para no herir la sensibilidad de los japoneses, los promotores de este Mundial llevan más de un año haciendo mucha pedagogía con la población. «Llevamos mucho tiempo discutiendo en las ciudades anfitrionas y en las ciudades donde entrenan los equipos», dice Akira Shimazu, director del comité organizador.

Explicamos a la gente que viene a ver a los jugadores que los tatuajes, para algunos, forman parte de su cultura y tenemos que respetarlo.

Akira Shimazu, director del comité organizador

a franceinfo

«Tenemos que entendernos. Todavía estamos hablando de ello, pero estoy seguro de que los japoneses son conscientes de ello y de que no hay ningún problema», asegura Akira Shimazu.

Gimnasios de uso exclusivo, «onsen» privatizados… reglas relajadas

Para evitar cualquier malentendido sobre este tema, se han puesto a disposición de los equipos gimnasios de uso exclusivo para sus entrenamientos, fuera de la vista.

Japón también ha accedido a flexibilizar algunas normas: los jugadores no están obligados a ocultar sus tatuajes en el campo en los partidos oficiales, un gran avance porque era difícil imaginar a los jugadores en manga larga, calzoncillos y pantalones.

Algunas termas, los famosos «onsen», esos baños calientes muy buscados en Japón, también han establecido horarios específicos para los turistas tatuados. Incluso se han distribuido pegatinas para cubrir los tatuajes más pequeños.

Pero sigue siendo recomendable ser discreto en público. Además, según la Oficina de Turismo de Japón, más de la mitad de los propietarios de los «onsen» se han negado a flexibilizar las condiciones de acceso a estos baños. Pero a menos de un año de los Juegos Olímpicos de Tokio, Japón se ha dado cuenta de que es mejor conceder una pequeña apertura en este delicado tema.

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