Proxenetas y mafiosos: ¿de dónde vienen sus apodos?

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Sospechoso de ser un proxeneta en el llamado asunto Carlton, Dominique Alderweireld, alias «Dodo la Saumure» debe su apodo a los baños salados en los que se sumergen los proxenetas… Pero no es el único personaje que coquetea con la legalidad que tiene su apodo.

«El apodo, para un criminal, es un currículum, explica Georges Moréas, comisario honorario de la policía nacional y fino conocedor de las redes criminales. A veces tiene que ver con un detalle físico».

René la Canne, un mafioso de los años 60 se llamaba así en alusión a una bala recibida en la pierna. Raymond Mihière, un gángster marsellés, era apodado «el chino», no porque tuviera orígenes asiáticos, sino porque sus ojos estaban ligeramente rasgados. Y en un estilo menos halagador, su homólogo Roland Talmon, era «el gordo».»

Designa una habilidad

Pero un apodo también puede designar un cierto «saber hacer». Richard Baque, miembro de la «conexión francesa», era apodado «el carnicero». Uno no se atreve a imaginar por qué.

Michel Ardouin, antiguo socio de Jacques Mesrine, respondía al tranquilizador apodo de «portaaviones» por el arsenal de armas que siempre llevaba consigo. En la misma línea, Jean Augé, el antiguo padrino de Lyon, se llamaba Jeannot la Cuillère porque habría utilizado este utensilio para… reventar los ojos de sus víctimas.

En general, son los mafiosos los que se apodan entre ellos para tener más discreción en sus asuntos. Pero pronto la policía los identifica y los retira como identidades criminales.

«Para encontrar un apodo, los mafiosos rara vez utilizan su ingenio», advierte Georges Moréas. Así, Francis Vanverberghe es apodado Francis le Belge principalmente porque su apellido es impronunciable y es belga.

El recurso a los orígenes del matón es frecuente, siguiendo el ejemplo del lionés Nicolas Caclamanos, alias Nic le Grec, o incluso del marsellés Souhel Hanna-Elias, llamado «Joël le Libanais». Lo más sencillo sigue siendo el parecido físico: Jean-Claude Hornec, un gángster parisino, era llamado «Eddy Mitchell» por el entorno.

Apropiación

«Los bandidos se apropian de buen grado de un apodo, siempre que no sea devaluador», señala Georges Moréas. Es seguro que el fallecido André Gau, alias «Dédé el Consolador», nunca apreció realmente su apodo, que aludía a una agresión física de la que supuestamente había sido víctima.

Por otro lado, Antoine Cossu, conocido como «Tony la Anguila», debe el suyo a su capacidad de huida y Louis Guillaud, conocido como «La Carpa», a su legendario silencio. Tantos motes que se imponen dentro y fuera del medio.

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